Artículo escrito por una Hermana del Triángulo Palmira Luz.

“Con la máxima luz”

(Inspirado en la visión mítica de los Mayas y Toltecas cuyo texto ha sido extraído de un vídeo de Youtube.)

La tierra se inclina hacia el sol igual que un tronco en la umbría se retuerce en su búsqueda,  comienza el verano para las personas que vivimos en el hemisferio norte, el 21 de junio, el día más largo, pero a partir de ahora las noches se alargarán y el invierno volverá.

La llegada del sol pleno ha sido celebrada por muchas culturas desde comienzos de la historia del hombre, éste asegura la abundancia de las cosechas y la subsistencia de los seres vivos, se aprovecha para echar fuera a los espíritus maléficos y se hacen pronósticos acerca del amor humano.

Desde los primeros tiempos el hombre rindió culto al sol, conscientes, o no, de que sin él todo sería estéril. Con él las cosechas darían sus frutos, el calor permite ríos de agua… la vida y el hombre edificó a favor de sus Dios.

Hoy día nuestro contacto con la naturaleza está impedido, solo podemos reflexionar con ella, en algunos casos, desplazándonos kilómetros para sentirla y muchos más todavía para sentirla en su estado salvaje. Sin ella, nada es posible, el estado virtual de hormigón en qué vivimos es posible también gracias a ella, sin sus recursos pereceríamos y el hombre destructor debiera recordar que no es un legado de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos.

Las antiguas culturas de México vincularon con la naturaleza sus edificios y también vinculó con ellos el cosmos, siendo zonas astronómicas para el estudio del movimiento del sol, la luna y las estrellas. Y en esta cultura de Mayas y Toltecas voy a apoyarme por su carga también simbólica, al final vemos, que si nos despojamos de todo aquello que los dogmas tratan de imponer, las personas sentimos dentro de nosotros los mismos anhelos.

Observar la naturaleza y aplicar en nosotros sus principios es su fundamento.

Debemos aprender a nacer con el sol y ver, cada día, como una piedra sin escrituras, llenas de posibilidades infinitas que solo se concretan con nuestras decisiones, con nuestros actos, pensamientos y palabras.  Asimismo, debemos “Aprender a morir con el sol”, cada día que pasó, forma parte de algo que no existe, y en la medida que tengamos apego, es como reviviremos ese momento. De esta forma, uno de los objetivos más importante para la vida es aprender a vivir el eterno presente, el único momento que de verdad es infinito, sin deseos de estar en el futuro, ni apego al pasado.  Aplicando este principio, aprendemos a renovarnos, en invierno la madre tierra se contrae para guardar en el centro las semillas, todas las potencialidades de la vida, permitiendo que la naturaleza pase por un periodo invernal en el cual todo muere y reposa, igualmente nosotros aprendemos a desprendernos mentalmente, renovaremos nuestra piel vieja como lo hace la tierra o una serpiente y nos dispondremos a vivir un nuevo ciclo.

La naturaleza, al expresarse, se reinventa, muestra lo mejor en los cantos de las aves, en las flores, nosotros, con nuestras palabras y acciones. Uno de los fenómenos astronómicos que estaban centrados los pueblos antiguos eran los equinoccios y solsticios, marcaban el cambio de una estación a otra, pero está el vínculo que establecemos los seres humanos con el cosmos. El sol no siempre nace en el mismo punto cada día, si bien es cierto que el sol nace en oriente y se oculta en poniente, también se mueve de norte a sur. Viéndolo hacia el horizonte, en el solsticio de invierno, el sol alcanza su punto máximo de recorrido hacia el sur y es cuando se convierte en colibrí, que a base de voluntad avanza y crece hacia el norte, cuando alcanza su punto máximo de recorrido llega al solsticio de verano donde el sol se posa como una gran águila radiante y comienza su viaje de regreso hacia el sur convirtiéndose en colibrí con toda su fuerza de voluntad para comenzar otro ciclo. Este recorrido completo tiene una duración de 365 días con 6 horas. Cuando Tonatiu, “el sol”, inicia su recorrido al norte se viven ,dos momentos importantes , uno el equinoccio que es el centro de todo el recorrido, el punto medio, nuestros ancestros decían que es cuando el sol se convierte en Quesaltotolt,  el ave de plumas preciosas que irradia de vida todo lo que  ilumina.

Un poco más hacia el norte llega a su ascensión máxima posándose en el cénit, el día solar más importante ceniot, el más importante de todo,  todas las cosas carecen de sombras si es que se encuentran en una perfecta vertical.  A este momento, los toltecas le llamaron   “Tonal lepantla”   la energía central,  es cuando el sol se convierte en águila mariposa. En el punto central  está la  perfecta verticalidad cuando la gran águila que es el sol, el fuego,  se fusiona con la mariposa símbolo del movimiento y el  espíritu, es el momento que se crea un ombligo que alimenta a la tierra. Al centro,  Laclteculti, la esencia masculina y ancestral de la tierra, recibe la fuerza de Tonatiu para fecundar la tierra.

En el equinoccio el día tiene la misma duración que la noche, el registro de este momento se puede observar en varios templos en  Yukatan,  Eltajin,  Palenke, Tulum, Sochicalco, Elteposteco etc…

Sin embargo, por qué los antiguos ponían tanta atención a este evento?  La respuesta  tiene dos vertientes: La primera está asociada al estado de la  naturaleza. En el equinoccio de primavera brota la vida, florece,  se crean los frutos que han de alimentar a todos los seres vivos, en el equinoccio de otoño se cosechan los frutos y la tierra comienza el reposo donde muere la naturaleza y se contrae para depositar las semillas sobre la tierra,  que florecerán de nuevo en marzo en el equinoccio de la primavera.

La segunda vertiente tiene un significado místico y esotérico, estado cósmico en el que hay un equilibrio perfecto  de los opuestos, el ser humano debe trabajar en sí mismo, lo masculino no debe ser superior a lo femenino, lo que mora dentro de nosotros debe conectarse armónicamente con todo lo que rodea fuera. Dejamos de ansiar el futuro, nos desapegamos del pasado para vivir solo el presente y de esta manera  la luz de la sabiduría nos permite entender la obscuridad del egoísmo.

Una de las representaciones significativas de este equilibrio está representada en la Cuatripe, la falda de serpientes, una obra de incalculable valor artístico, místico y filosófico de los pueblos antiguos. Dos serpientes que se oponen una a la otra, representando las dos fuerzas del cosmos, pero en su interacción forma una sola unidad, al unirse,  muestra el rostro de una sola. La esencia dual que unida crea el movimiento y la vida.

La serpiente del fuego contraponiéndose a la luz primigenia, el espejo humeante que hace ver la oscuridad, une sus rostros con lenguas de pedernal que representa al verbo creador a la palabra justa y sagrada que nos lleva a ver la profundidad de las cosas. Luchar contra nuestras propias oscuridades. Nuestro plan. Ser felices y estar en armonía con lo que nos rodea. Tomar conciencia de nosotros. Viaje a nuestro interior, a nuestro inframundo, guerreros que luchan contra uno mismo.”

También para nosotros significa la celebración de todo un curso y la despedida fraternal de éste que solo queda en suspensión,  ya que  los hermanos no aspiran al reposo. Es el momento de la pausa y de la vuelta a la reflexión, de rectificar en la piedra sin escritura nuevos pensamientos y decisiones. Aprendamos a morir con el sol. El día de nuestro reencuentro, nuestro presente será diferente y este momento se habrá desvanecido, seamos creativos y perseverantes en la trayectoria como el vuelo del colibrí para conseguir dar lo mejor de nosotros mismos en la época de recogida de la cosecha, esperemos alcanzar el cénit, aprovechemos para contemplar ese amanecer silencioso y único que nos hace estar en paz con nuestro propio planteamiento de existencia.

He dicho

T.·.C.·.