El anhelo de la inmigración en Uruguay tiene raíces profundas. Somos una excolonia española. Durante la etapa escolar nos transmiten que en el siglo XV tuvimos la “suerte” de que España nos descubriera. Uruguay fue poblado por familias provenientes de Canarias en el siglo XVIII, y la segunda oleada de inmigración sobre todo procedente de España e Italia fue durante la Guerra Civil Española y la segunda guerra mundial. Así es como crecemos, siempre escuchando hablar de la madre Patria.

En el 2002, después de una crisis financiera brutal, decidimos emigrar, mi familia y otros 50.000 uruguayos y uruguayas más (En un país de 3.000.000 de habitantes). ¿Adivinan cuál fue el destino principal de la emigración uruguaya? La madre patria, la tierra prometida. Y así fue como me convertí en una inmigrante ilegal y empezó el choque cultural.

No es mi intención hablar sobre mi vida, si no sobre lo que significa ser inmigrante ilegal. Hay que tener en cuenta que esta es la experiencia de una inmigrante ilegal latinoamericana, sin rasgos indígenas. Y esto es importante recalcarlo porque, aunque mi acento es diferente, provengo de una cultura muy parecida a la española, hablamos el mismo idioma venimos en avión, no en patera, no nos jugamos la vida en el viaje.

La experiencia es mucho más dura y difícil, si tu piel es oscura, hablas otro idioma, o practicas una religión que no es la mayoritaria en España. Si además eres mujer, es más difícil, y si llevas un pañuelo en tu cabeza, mucho más difícil todavía.

Existen cuatro etapas en lo que se llama el shock cultural.

La primera etapa es la Luna de Miel. Todo es nuevo e interesante. La situación es de alivio, dejás atrás mucho dolor, y frustración, la página está en blanco, lo ves como una oportunidad de empezar de 0. Es curioso, que casi todos los inmigrantes uruguayos cuando llegamos lo primero que nos sorprende es el supermercado. No puedes creer lo barato que es todo, la cantidad de opciones de alimentos diferentes. Con la alimentación ya empiezas a notar el cambio en la calidad de vida. ¡¡La salud pública es buena!!! Estábamos acostumbrados a pagar casi 10.000 dólares al año por un seguro de salud privado que no era tan bueno como la salud pública de aquí. Y la educación….  la escuela pública es segura. Se puede caminar por la calle sin tener cuidado de que te asalten, no hay casi rejas en las ventanas.

En esta etapa las llamadas con la familia y los amigos son constantes. Están todos y todas en casa pendientes de cómo nos vamos adaptando, como es la casa que alquilamos, cómo es la ciudad donde vivimos. Las fiestas populares, las tradiciones todo parece precioso, nuevo, increíble.

La segunda etapa es la de la Angustia. Ya pasó un tiempo, pasó la novedad, se terminó la luna de miel. Te sientes confundida, angustiada. No entiendes los códigos de la nueva cultura. No todo es tan bonito, hay mucha gente que te rechaza y desconfían de las personas que vienen de otro país. Tienes que demostrar todo el tiempo que eres una persona honesta y confiable. La espera por los papeles se hace eterna, es un camino muy difícil. Muchas respuestas negativas por parte de la administración pública, sientes que es un trato injusto. En el 2002, en las noticias los políticos declaraban que con la llegada de inmigrantes aumenta la delincuencia, y estas declaraciones hacían mella en la opinión pública, se palpaba en la calle.  Pero si España es un pueblo emigrante, ¿cómo nos pueden tratar así? ¿Es que se han olvidado de su historia? En el pueblo donde vivíamos los grupos de ultraderecha nos hacían pasillos en la calle y nos aplaudían, para que todo el mundo supiera que éramos inmigrantes, para humillarnos. La etiqueta de ilegal pesa muchísimo.

Ahora te empiezan a molestar ciertas cosas de la nueva cultura, comparas todo con tu país. Tienes que empezar a cambiar tu forma de hablar, porque algunas palabras que dan lugar a malentendidos, y tienes que hacer un esfuerzo por encajar, porque hay que sobrevivir. Necesitas trabajar, y haces lo que sea necesario por sobrevivir. Como se dice popularmente tienes que bajar la cabeza para sobrevivir. La imposibilidad de tener el permiso de trabajo impacta directamente en tu dignidad. Si no tienes tarjeta de residencia y trabajo, no tienes derecho a trabajar, a alquilar una vivienda digna, eres vulnerable. Empiezas a vivir con miedo, no puedes conducir un coche, no vas a manifestaciones, ni a sitios muy concurridos, si ves un control de la policía o de la guardia civil entras en pánico.

Hay etapas de depresión: los cumpleaños y las navidades son horribles. Empiezas a perderte los eventos importantes de la familia y de los amigos, ya no estás en la vida cotidiana de las personas queridas, dejas de estar. Empiezas a perder tu red de apoyo, y te sientes muy sola y vulnerable. No estás con tu padre/madre cuando se enferman, no ves nacer a tus sobrinos y sobrinas, no estás en las bodas de tus amigas y amigos y no puedes salir del país porque si lo haces, te van a sellar el pasaporte y al querer volver a entrar saltaría la alarma de que estuviste viviendo de forma ilegal, y automáticamente te regresan a tu país.

Empiezas a idealizar a tu país de origen, a escuchar la música que cuando vivías allí no escuchabas jamás, a echar de menos cosas como el olor a mar de Uruguay, la comida, etc. Vives en un estado de nostalgia permanente.

Hay una canción de un uruguayo llamado Jaime Ross que se llama los olímpicos, que emigró durante la dictadura que refleja muy bien estas etapas:

Ayer recibí una carta
Directa de Nueva York
De mi amigo el Horacio
Trabaja de soldador
Ahora tiene colachata (coche de lujo en el idioma de la calle, lunfardo)
Alfombra y calefacción
Parece cosa de locos
Le va cada vez peor

Extraña la gente nuestra
Que te hable sin despreciar
Extraña el aire del puerto
Cuando anuncia el temporal
Y sin embargo recuerda
Las cosas por la mitad
Se olvida las que pasaba
Antes de irse para allá

Uruguayos…

Volver no tiene sentido
Tampoco vivir allí
El que se fue no es tan vivo
El que se fue no es tan gil
Por eso si alguien se borra
Qué le podemos decir
No te olvides de nosotros
Y que seas muy feliz

Luego viene la etapa de la aceptación. Aunque hay un ir y venir entre la angustia y la aceptación. A veces estás en la etapa de aceptación, pero ocurre algo que te hace retroceder a la etapa de angustia. En esta etapa empiezas a aceptar la cultura anfitriona, empiezas a saber cómo moverte, a entender los códigos. Ya no te afectan los mensajes xenófobos, no estás tan pendiente de encajar, te empiezas a hacer dueño de tu vida nuevamente.

Por último, está la etapa de la adaptación. Cambia tu actitud, la sensación es que estás aquí realmente. Ya te sientes cómodo en esta cultura y hasta empiezas a participar en las tradiciones y cultura de la tierra que te recibe. Empiezas a sentirte en casa, te haces amigos, respetas y valoras el idioma, la cultura, lo entiendes y hasta lo defiendes.

Hay infinidad de teorías, conceptos, trabajos sobre esto. Que si la identidad, identidad social, la relación entre la identificación y la identidad, la integración, la inclusión, etc. Pero estas solo son las humildes reflexiones de una inmigrante ilegal, que ahora es española para España, porque lo dice un DNI, soy uruguaya para Uruguay porque lo dice una cédula de identidad, soy la argentina para mis vecinos porque hablo con este acento, la gallega para mi familia y amigas de Uruguay porque según ellas hablo re gallego. Ya no se me caen las lágrimas cuando escucho la música de mi tierra, o como dice el tango ya no se me pianta un lagrimón. Pero si me preguntan con qué país me identifico más, pues la verdad es que no lo sé. No me siento ni de allí ni de acá, a esto le llaman desarraigo. Lo único que tengo claro es que me encanta vivir cerca del Mediterráneo, los domingos ya no hacemos asado, ahora hacemos paella, planto tomates valencianos porque son los mejores del mundo.

Emigrar es un camino que cada uno vive de forma única. Estas etapas, cada una las vive a su manera, algunos no pasan por todas, otros se quedan estancados en una, etc. Es un proceso muy duro donde vas construyendo una nueva identidad.

La construcción de la identidad es un proceso en el que definís tu identidad psicosocial, respondiendo a la pregunta ¿Quién soy yo?, tomando como referencia los grupos con los que nos identificamos, de los que nos sentimos parte. (familia, profesión, género, región donde vives, etc.). Al emigrar pierdes el marco de referencia que definía tu identidad, ya no eres la hija del ñato, la hermana del sapo, la que estudia ciencias económicas, que vive en Lagomar. Cuando emigras de forma ilegal, tu identidad pasa a ser la exclusión, el rechazo, la marginación. Durante estas etapas que les mencioné vas reconstruyendo tu nueva identidad, y es necesario reordenar los parámetros que definen tu identidad en la nueva cultura y el resultado va a depender mucho de las posibilidades de interacción que tengas con la sociedad de acogida y de la capacidad de cada persona de integrarse en la sociedad receptora. Es un camino en dos sentidos en el que el resultado puede ser:

  • Integración: Sigues identificándote con tu cultura de origen, y valoras la cultura nueva.
  • Asimilación: Cuando con tal de encajar en la “tierra prometida”, rechazas tu origen. Te transformas, cambias hasta la forma de hablar para parecerte a un valenciano, o a un español. Cuando se acerca alguien de tu tierra lo ignoras, o como se dice en Uruguayo “lo borrás”.
  • Separación: Estás aquí, pero mantienes una burbuja siguiendo las costumbres de tu país, te das solo con gente de tu país, ves la televisión de tu país, comes lo típico de tu tierra.

En una charla sobre inmigración y como acoger a los refugiados, como crear conexiones con la población local donde participaban sobre todo países de Europa del norte, y ningún inmigrante, me di cuenta de que este proceso de reconstrucción de la identidad y de pertenencia es un proceso complejo y un camino en dos sentidos. Este resultado de integración, asimilación o separación de los inmigrantes depende mucho de la acogida en la cultura receptora, y también de las características de cada persona, el estar dispuesto a abrirte y a abrazar la cultura que te acoge. Pero claro, la mayoría de los inmigrantes cuando llegamos vamos a parar a zonas que nos podemos permitir, es decir donde nos alquilen un piso barato a pesar de no tener papeles, y normalmente esto no sucede en las zonas donde la población local está más dispuesta a acoger a inmigrantes e integrarlos en su cultura.

Podría seguir hablando pero…

He dicho.

F. (Una Hermana del Triángulo Palmira Luz).