¿Somos realmente dueños de nuestro destino?

(Artículo escrito por una Hermana del Triángulo Palmira Luz, unos días después de terminado el confinamiento.)

Y va, y después de un duro confinamiento nos hemos quedado vacíos, la mayoría de nosotros hemos analizado todos los días las noticias que se nos daban a través de los medios y hemos juzgado los hechos,  libres de toda actividad, no hemos realizado ninguna, al menos es lo que muchas personas reconocen. Nunca hemos tenido tanto tiempo y hemos anhelado bien poco, las circunstancias nos vienen a enseñar lo poco que necesitamos. Pero aunque algunos se hayan contagiado de la manera de hacer general, también hemos podido  analizar seriamente hacia donde nos dirigimos e, inevitablemente, me surge la pregunta de SI SOMOS REALMENTE DUEÑOS DE NUESTRO DESTINO.

La naturaleza ha venido a decirnos lo vulnerables y pequeños que somos, todos los días hemos atendido al virus pero también a todo lo que acontece alrededor, cómo se sustenta lo que hemos construido y si ese modelo nos va a servir de ahora en adelante. La economía , el trabajo, los sistemas de salud, la educación, las instituciones, los políticos, la ciencia…

Si verdaderamente hemos encontrado el sentido de nuestra existencia, si la sociedad avanza hacia ese ideal que pensamos, si nosotros como personas nos sentimos realmente felices con lo que hacemos y si lo que hacemos se corresponde con aquello que pensamos.

Nadie admite no saber algo y todos sabemos de todo, pero normalmente y en las conversaciones más insignificantes y nimias de un chat por ejemplo, se recurre a corroborar lo que otros dicen y queda en el aire lo que uno piensa, no hay osadía para cambiar la corriente general.

Para poder decir hay que pensar primero y liberarse para prevenirse de los riesgos de alienación que engendran los medios de información y comunicación.

Cuantas veces hemos oído en personas que se manifiestan republicanas decir “ahora no toca”, eludiendo  una responsabilidad obedecen a una alienación que conviene. ¿Hacemos lo que pensamos o no pensamos lo que decimos?

El cuestionamiento es pues una manera de alejarse de la familiaridad cotidiana, por el cuestionamiento nos liberamos de hábitos de pensamiento permitiendo una interpretación subjetiva, de riqueza personal y única de cada individuo.

Del cuestionamiento de uno mismo y de la sociedad podremos analizar quienes somos y hacia donde nos dirigimos, quienes queremos ser y lo que debemos hacer. Es decir, trascender.

Quien es libre se hallará en conflicto con la moralidad pública de la sociedad  y la época que vive. No debe contentarse si quiere progresar.

Durante la pandemia hemos tenido tiempo de reflexionar sobre nuestra vida, la manipulación de los medios, el trabajo, nuestras relaciones, la sociedad, los valores, la ecología, la seguridad, la enfermedad, la vejez, la muerte, el suicidio … etc…

En cuanto a la economía y la deriva de la situación no augura nada bueno, sintiéndonos víctimas de la situación y con un gran motivo para asimilar la nueva normalidad que tratan de imponernos.

Nuevamente la libertad de las personas no se cuestiona, Papá Estado se preocupa de nuestro bienestar y nuestra seguridad y cualquier decisión está en su mano.

¿Esa asimilación de lo trágico sería diferente si tuviéramos la dignidad de querer ser?

¿Cómo podemos trascender y tomar las riendas de nuestro destino?

Tenemos graves problemas,

la salud,

la educación,

la economía con un nuevo comercio mundial,

la soberanía digital no deja lugar a la igualdad. ¿Si lo público pasa a ser parte del mercado nos convertimos en clientes del estado?

¿Una situación de crisis en una sociedad democrática justifica la restricción de las libertades?

¿Las decisiones políticas se basan en conocimientos científicos racionales o cuestionables?

El mercado del trabajo

Para dar solución a estos retos se ha de debatir en la sociedad y en todos los agentes actores desde la tolerancia tratando de buscar entre todos la mejor gestión.

¿Estamos preparados?

T.·.C.·.